¿Cuánto de tu rutina es ejercicio y cuánto es estética?
En los últimos años, “cuidarse” dejó de ser un acto íntimo y pasó a convertirse en un verdadero espectáculo social. El gimnasio ya no es solo un espacio para entrenar, es un escenario donde se produce contenido. Las redes sociales están repletas de rutinas de cardio, fotos de running y hasta reels de lo que la gente toma después de entrenar. En Córdoba, por ejemplo, creció la “cultura del running”: maratones que no terminan solo con la llegada a la meta, sino con un café en mano, una charla con amigos y un ambiente social que mezcla deporte y lifestyle.
Todo esto responde a una tendencia global: la cultura wellness. Una cultura que no se limita al ejercicio, sino que se viste, se bebe y se vive. Desde el auge del athleisure (ropa deportiva que se usa en cualquier momento del día) hasta las aguas saborizadas premium y los suplementos que parecen más un accesorio de moda que una necesidad nutricional, el bienestar se convirtió en una estética, en un lenguaje visual y en una industria multimillonaria.
Pero acá aparece el doble filo: ¿qué pasa cuando el bienestar se vuelve moda?
Hoy la obsesión por “verse fit” y adelgazar rápido está tan instalada que corre el riesgo de desvirtuar el verdadero sentido de cuidarse. El bienestar debería ser un hábito eterno, una decisión personal que atraviesa todas las etapas de la vida, y no un desafío de 30 días para estar más flaco en verano. La Ozempic Culture y los cuerpos con estándares de belleza inalcanzables representan una presión constante que confunde salud con apariencia y genera frustración en quienes buscan simplemente sentirse bien consigo mismos.
Al mismo tiempo, no podemos negar algo: la moda tiene un poder enorme como motor de concientización. Las marcas, las revistas y hasta los influencers logran poner en agenda temas de salud que antes parecían aburridos. Si usar un outfit deportivo canchero o compartir el café post-running con amigos ayuda a que más personas se acerquen al ejercicio, entonces bienvenido sea.
La clave está en no confundir el envase con el contenido. La moda puede ser un trampolín para motivarnos, pero el bienestar no puede reducirse a likes, métricas o trends de Instagram. El bienestar debería ser una cultura que se sostenga en el tiempo, más allá de hashtags y temporadas.
Porque al final del día, lo importante no es correr una maratón para subirla a Stories. Lo importante es que esa maratón se corra para vos, para tu cuerpo y para tu salud.

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